Imagina abrir una tumba de hace casi dos milenios y descubrir los secretos de belleza de la época. Pues eso es lo que pasó en Kazajistán, donde arqueólogos encontraron unos fragmentos blancos en dos tumbas antiguas que resultaron ser mucho más que simple tiza. Al analizarlos químicamente, los científicos descubrieron que se trataba de cosméticos elaborados con una receta fascinante que combinaba ingredientes aromáticos llegados desde muy lejanas tierras.
Los restos pertenecían a dos mujeres de la cultura Jetyasar que vivieron entre los siglos II y IV después de Cristo. Lo emocionante es que dentro de esos cosméticos encontraron evidencia de canela, ajenjo y posiblemente menta, sustancias que fueron identificadas mediante análisis químicos avanzados. Estos ingredientes no son cualquier cosa: la canela, por ejemplo, no crecía naturalmente en las áridas estepas donde vivían estas mujeres, lo que sugiere que viajó miles de kilómetros, probablemente desde el sur de la India.
Esto nos muestra algo hermoso sobre la antigüedad: las rutas comerciales no solo transportaban seda y metales preciosos, sino también productos de belleza y cuidado personal. Las mujeres Jetyasar se preocupaban por perfumarse y cuidar su piel, exactamente como nosotras hoy. El descubrimiento revela que la obsesión por vernos y sentirnos bien es algo tan antiguo como la humanidad misma, y que siempre hemos estado conectadas a través del comercio y el intercambio de lo que nos hace sentir hermosas.
Fuente: Muy Interesante
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